jueves, 7 de abril de 2011

Los Trovadores de Cuyo

Texto (contratapa) de LP ''Los Trovadores de Cuyo - El jardín de mi madre''

Hilario Cuadros, nacido en el distrito mendocino de Guaymallén el 2 de diciembre de 1902, surgió como flamante músico y cantor, siendo un joven veinteañero, en la Ca-ñadita Alegre, pintoresco y sentimental rincón de la capital de su provincia. Cultivaba con innato buen gusto y promisoria calidad un variado repertorio de tonadas criollas, entre las que primaban, obviamente, las del terruño. De las reuniones fiesteras y las se-renatas, su nombre pasó a la pronta divulgación y se extendió desde el aliento de cama-radas y allegados hacia el aplauso del gran público.
Cantando con su hermano Juan Guillermo ya había recibido el franco apoyo de sa-lones de Mendoza y San Juan, cuando en 1927 forma un dúo profesional con Domingo Morales, siendo tan confortantes los halagos recibidos, que se animan a tomar el camino tentador de Buenos Aires. La frase con que los saludó un periodista sanjuanino: “¡Bien-venidos, trovadores de Cuyo!”, dio bautismo al futuro conjunto afamado, que, comple-tado con otros intérpretes, se presentó en la capital de la República.
Obtuvieron las primeras aprobaciones porteñas en los ya desaparecidos escenarios del teatro Casino y el Gran Cine Florida. De inmediato difunde su auténtico arte cuyano en la incipiente radiofonía. A puro esfuerzo, Los Trovadores de Cuyo ganaron un plano de excepción entre los primeros conjuntos que promovieron con éxito el folklore argen-tino. Palabras del propio Hilario lo manifestaron en señalada ocasión: “Quisimos traer un mensaje del hombre, de los trabajos de las viñas, de la alegría de las cosechas, de to-do lo que vivifica el paisaje de la tierra cuyana”. Bien podía hablar así quien, como él, misionero de la música y el canto, pudo revelar a todos los públicos el sentido telúrico de los pagos cordilleranos, tras buscar inspiración de autor e intérprete en sus recorridas regionales desde Guanacache al Nihuil y desde el Cristo Redentor al Desaguadero.
Hilario Cuadros y Los Trovadores de Cuyo constituyeron una afortunada conjun-ción; genuina expresión lírica autóctona de esa maravillosa latitud argentina donde al beso del buen padre Sol nace el néctar del buen vino.
El celebrado rubro recorrió triunfalmente todos los medios de la difusión. Y sigue vigente en discos EMI-ODEON, como el de esta entrega, que abarca grabaciones suyas de cueca, gato, vals, tonada, zamba y chacarera, correspondientes a un período de años comprendidos entre 1945 y 1956. Sólo la muerte podía interrumpir esta colaboración Invalorable de Hilario Cuadros con nuestro sello. Precisamente el 8 de junio de 1956 se produjo el lamentado fallecimiento de tan distinguido artista popular.

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Los Trovadores de Cuyo
El jardín de mi madre



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*Aporte de Ernesto Roqué.

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